La Pluma del Conocimiento |
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Transformación de los conceptos de sexualidad en el contexto religioso y moralBadí Villar (*)David Cerpa (**)
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La
tradición Judeocristiana y la desacralización de la sexualidad. El
concepto inicial que la civilización occidental tuvo respecto de la
sexualidad fue recibida del Cristianismo helénico, anteriormente, la
sexualidad estuvo relacionada con lo “sagrado” de las divinidades
femeninas de la fecundidad y la maternidad, tales como Diana, Afrodita,
Isthar, Astarté, Tanit, Isis, Hathor, etc.. La hierofanía sexual
nacida de una cosmovisión panteísta cedió con la llegada del
Cristianismo a un proceso de desacralización de la sexualidad. El
esquema cristiano defensor de la trascendencia de Dios entendió que había
una radical diferencia entre lo “terreno” y lo “divino”, se
lleva a cabo así una secularización de la sexualidad como realidad
terrestre que debe ser vivida como las demás realidades de este tipo.
Este mismo proceso ya se había experimentado muchos siglos antes en la
cultura hebrea con la aparición de la religión judía. Así por
ejemplo, en el Cantar de los Cantares, podemos encontrar una sublimación
de la relación de pareja, en la cual los amantes expresan su amor
apasionado el uno por el otro, e inclusive hacen descripciones físicas
que resaltan aspectos de la feminidad o de la virilidad, según sea el
caso. Sin embargo, pese a que los escritos sagrados no reprueban la
sexualidad, no significa que no la regulan. Es decir existe una norma
que si es respetada, va a conducir al ser humano a su propio beneficio y
al de su entorno. En el caso de las relaciones sexuales, éstas se ven
circunscritas al matrimonio. En
el Cantar de los Cantares, encontramos alabanzas hechas por la pareja en
forma de matrimonio “Toda tú eres hermosa, amiga mía y en ti no hay
mancha. Ven conmigo desde el Líbano, oh esposa mía...” (Cantares
4:7-8). Entonces tuvo un desarrollo diferente al que se dio con la
difusión del Cristianismo Helénico, pues mientras en el primero se
aceptaba gozosamente el sexo para cumplir el mandato bíblico “Creced
y multiplicaos, y henchid la tierra...”, en la tradición cristiana el
sexo era visto como un “remedium peccati”, un mal necesario que
obstaculizaba el camino a la santidad pero que había que tolerar en
aras de la supervivencia de la especie. Sin embargo, parece que este
desprecio de la faceta sexual de la vida humana no tiene su origen en el
cristianismo primitivo (conservado en las comunidades nasareanas y
ebionitas) sino en cierto compromiso que el cristianismo hizo primero
con el discurso moral Gnóstico y luego con el Maniqueo. Esta mutación
de la espiritualidad cristiana empezó según muchos historiadores con
la obra exegética de Saulo de Tarso (Pablo) quien escribió “Es bueno
para el hombre no tocar mujer” (1 Corintios 7:1). Pablo elevó el
celibato a una condición espiritualmente superior a la del matrimonio
(1 Corintios 7:8-9; 7:27), y aún a los casados aconsejó practicar la
abstinencia sexual periódicamente (1 Corintios 7:5). El origen de esta
concepción de la sexualidad se hallaba en las filosofías gnósticas,
muy influyentes en los siglos II y III d.C., y que también influyeron
en el Cristianismo. Era
característico del Gnosticismo un acentuado dualismo ontológico y
cosmológico que se explicaba según dos principios opuestos: el bien,
que era espiritual y el mal, que era material. La Sexualidad y todas las
exigencias del cuerpo quedaban entonces en la esfera de lo material y
eran rechazados como causa de males; otra importante corriente filosófico-religiosa
conocida como el maniqueísmo radicalizó esta postura; pronto un
importante sector del cristianismo se influyó por estas filosofías y
creó un discurso moral apropiado para ello. El celibato y la ascesis se
convirtieron entonces en un ideal moral para la mayoría de cristianos
devotos y desde la reforma gregoriana en una obligación para los clérigos.
San Clemente de Alejandría y su discípulo Orígenes, padres de la
Iglesia y los fundadores de la primera escuela para cristianos “El
Catecúmen”, se auto-castraron como una señal de su incomparable
santidad; Tertuliano el creador del lenguaje teológico latino decía
que “El matrimonio se basa en la fornicación” y San Jerónimo,
Padre de la Iglesia y autor de la Vulgata opinaba que “Los casados
viven a la manera del ganado y no se diferencian de los cerdos y las
bestias insensibles”, san Agustín de Tagaste (también de Hipona)
pidió a las parejas casadas que tuvieran relaciones sexuales sólo para
procrear y aun llegó a considerar el nacimiento como un proceso sucio.
Algunos aún mas extremistas como Marción o Taciano exigieron a las
parejas abstenerse de todo acto sexual. Desde entonces “el precepto de
la caridad fue relegado a segundo plano por el de la castidad, que se
convirtió en la quintaesencia de la moralidad. Desde entonces, el
pecado empezaba desde debajo del cinturón” Otro aspecto que determinó
esta antigua actitud de desprecio a la faceta sexual de la vida humana
fue el valor óntico que se tenía de la mujer, a quien se consideraba
con desprecio por haber sido la causante de la expulsión del Paraíso
(1 Timoteo 2: 11-15). Se esperaba de las mujeres una conducta sumisa y
de resignada obediencia a la autoridad masculina (Efesios 5: 22,23).
Pablo denominó a la mujer el “vaso” del hombre (1 Tesalonicenses
4:4). Tertuliano el padre de la teología eclesiástica latina
consideraba a la mujer como “una puerta de entrada al infierno”
porque llevó al hombre a la caída y por consiguiente era responsable
de la muerte del Hijo de Dios. En el Sínodo de Macon, en el siglo VI,
se debatió si la mujer era de algún modo un ser humano y partícipe de
la salvación. Santo Tomás de Aquino la describió como un “hombre
extraviado” y habló del “uso de las cosas necesarias de la mujer,
indispensable para la preservación de la especie, del alimento y la
bebida”. Martín Lutero (uno de los líderes de la Reforma) también
era de la opinión de que las mujeres debían estar sojuzgadas a sus
maridos y que debían darles a ellos tantos hijos como les sea posible,
y sobre la razón de su existencia, declaró: “Pero aunque trabajen y
mueran, esto no importa, dejad que mueran finalmente trabajando, esta es
la razón de que estén aquí.” Éste ha sido el paradigma ético-ontológico
que dominó la conciencia y bajo el cual tuvieron que vivir millones de
cristianos durante muchas generaciones en la Edad antigua y durante toda
la Edad media y cuyas traumáticas consecuencias culturales han dejado
secuelas aún hasta la actualidad. El
Islam y la naturalidad sexual. En
el Qurán la conducta sexual en sí misma no es reprobada en ninguna
ocasión por el Profeta. Es más, Muhammad es la primera Manifestación
de Dios que explica la procreación, siendo que muchos pueblos antiguos
desconocían la causa de la vida en los seres humanos. “¿Cree el
hombre que será dejado en libertad? ¿No ha sido anteriormente una gota
de esperma eyaculada y luego un coágulo? Dios le ha creado y le ha
formado. En el género humano ha instruido la pareja: el varón y la
hembra.”(Sura 75: 36-39). Cuando el profeta Muhammad describe el paraíso
habla sobre grandes ríos que surcarán bajo un jardín, y también
promete a los creyentes piadosos la compañía de doncellas (conocidas
como “huríes”), con las cuales serán desposados eternamente.
(S54:54; S37:47; S38:52; S55:56-74; S78:33). La recompensa para el buen
creyente, es descrita en términos sensuales, jardines repletos de
frutos y mujeres vírgenes, acompañantes eternas. Estas imágenes
evocan las delicias de la vida después de este mundo, las mujeres vírgenes
son consideradas como símbolos de pureza y la vida abundante es
generalmente utilizada para describir el gozo y la felicidad. Algunos
artistas orientales, inspirados en el espíritu del Islam, no tuvieron
reparo en utilizar un lenguaje apasionado para describir sentimientos
espirituales. Es especialmente común en la poesía mística de los sufíes.
La gran poetisa Rabí’a, esclava y posteriormente liberta es
considerada como la María Magdalena del Islám. Su lenguaje apasionado
describe un sentimiento espiritual, encontramos en su poesía “Te amo
con dos amores, con un deseo apasionado y con un amor nuevo” o “¡Oh!
¡Amigo de los corazones!... Eres a ti a quien busco... Eres mi alegría...
el único objeto de mi deseo... De tus vergeles celestes, lo que deseo,
no es alguno de sus placeres, mi único deseo es verte.”
Ibn-Al-Faridh, es mucho más conocido por utilizar recursos verbales del
amor profano en beneficio del amor sagrado. Hace comparaciones tanto de
la embriaguez del éxtasis (elogio del vino), como de la gratificación
sensual. “Corro hacia los soplos del céfiro, pero mi vista no aspira
sino al rostro de quien ha tomado su perfume... Si otro se conforma con
el fantasma de su imagen, yo, de su posesión misma no me sacio jamás”.
Jalalodin Rumi, considerado como uno de los más grandes poetas del Islám,
crea un lenguaje en el cual el amor encuentra nuevos significados
“Dichoso el momento en el que estemos unidos en el palacio tú, y yo,
con dos formas y dos rostros, pero con una sola alma tú, y yo, ...
Liberados de nosotros mismos, estaremos unidos en el éxtasis, alegres y
sin vanas palabras, tú, y yo” La inmortal Táhiríh, utiliza el mismo
lenguaje de los místicos, utilizando un lenguaje simbólico en algunos
de sus poemas, reflejando un amor apasionadamente espiritual y profundo.
“Y yo, ansiando contemplar tu faz, sobre las brisas muníficas vendría,
hálito de espíritu que me lleva presto a buscarte en cada hogar, en
cada puerta, en cada cuarto, en calle estrecha y en mercado. Ansío
degustar con lengua almibarada, el almizcle y ámbar de tu boca
perfumada, besar la fragancia de tus labios aromados que, como capullo
de rosa que se abre, mirra e incienso distribuyen, para sepultar
invierno y verano despertar, trayendo cálidos céfiros del suave
sur”. El
primer factor que impulsó un cambio en la mentalidad europea en torno a
la sexualidad fue la influencia cultural del mundo árabe, iniciándose
a través del amor cortesano que inspiró la época trovadoresca con la
sublimación de la mujer, y aunque esto no operó un cambio total en el
viejo esquema moral, creó sin embargo un importantísimo precedente en
esta dirección. El “entronizamiento” de la mujer surge en el siglo
XII, con las canciones de amor de los trovadores que exaltaban a la
mujer por la que se sufría por amor, a esta intención del amor se le
conoce como el “amor cortesano” por haberse originado en las cortes
señoriales de Provenza (sur de Francia). Ramón Menéndez Pidal en su
excepcional trabajo de análisis histórico “España, eslabón entre
la Cristiandad y el Islam” describe este fenómeno cultural. “La
exaltación, el entronizamiento de la mujer aparece en el siglo XII como
una extraña invención de la época trovadoresca; aparece como novedad
bien extraña en una edad en que la dirección eclesiástica de la vida
era incontrastable, cuando para tal novedad no se puede encontrar
antecedentes ni la antigüedad entonces frecuentable, desde Aristóteles
hasta Ovidio, ni en los pensamientos de teólogos y filósofos que no veían
en la mujer sino un ser creado después que el hombre, la causa del
pecado de Adán, una criatura mal inclinada que siempre debía vivir
sometida al varón.”. Asimismo, R. Menéndez se refiere al origen de
esta singular creación espiritual del arte provenzal trazando su origen
hasta la poesía y la canción andaluza saturada en su contenido por
abundantes declaraciones de humilde rendimiento a la amada y cruel señora
“Tanto Eduardo Wechssler como Karl Vossler hacen difíciles
combinaciones para explicar cómo se llega a la sublimación de la mujer
en las cortes señoriales de la Provenza, sin acordarse de que esa
Francia del sur era la que más directamente podía recibir los influjos
de la poesía arábigo-andaluza, donde la mujer no es sólo la
prisionera del harén, como generalmente se cree” . Muy temprano,
desde el siglo IX la poesía andaluza ya contenía expresiones que rendían
alabanza a la amada, como esta frase que se cantaba desde esa época:
“La sumisión es hermosa en un hombre cuando él es esclavo (mamlúk)
del amor”. Durante el Renacimiento Europeo “el desnudo” en el arte
se vio como un resurgimiento del arte helénico. El cuerpo se convirtió
en fuente de inspiración, destaca entre los primeros pioneros de esta
renovadora corriente el genio napolitano Leonardo da Vinci (1452-1519).
Posteriormente durante la Ilustración, el naturalismo dio un giro en
torno a la forma en que la intelectualidad europea consideraba la vida
mortal, más aun en una época en que la espiritualidad cristiana hacía
resurgir tendencias ascéticas a través de movimientos como el
Jansenismo. La noción antropológica del hombre (del “buen
salvaje”) esbozada por Rousseau revivió para el espíritu del hombre
europeo, las demandas de una vida más plena, sin el estigma del pecado
original. Sin tener el mismo éxito, muchos siglos antes Pelagio había
emprendido similar empresa frente a la postura agustiniana del pecado
original y la corrupción de la naturaleza humana, idea que permeó
hondamente en la filosofía y moral europeas. En
la década de los 60 principalmente, se desencadenó un fenómeno que
preconizaba un desenfreno en contra del comportamiento y las costumbres
tradicionales. Una de sus facetas se caracterizó por dejar de lado las
normas morales e iniciar una propaganda a favor de las relaciones
sexuales extramaritales. Quizá no se tuvo
reparos en medir las consecuencias de lo caótica que puede llegar a ser
una sociedad cuando se han extraviado aparentemente los valores que
controlan y subliman el impulso sexual. Los tiempos actuales parecen
ofrecernos cifras un tanto escalofriantes no solamente por el desorden
social que crean los abortos, hijos no deseados, madres solteras y
enfermedades psicológico-sexuales; sino también por la aparición
repentina de enfermedades infecto–contagiosas que son de transmisión
sexual y frecuentemente mortales. Los
ideólogos del desenfreno sexual fueron apoyados de cierta forma por la
teoría freudiana, y concibieron normas de vida que alentaban el retorno
del ser humano a su etapa primitiva formando comunidades que vivían en
aparente armonía, pero en su gran mayoría terminaron fracasando debido
a la debilidad de su organización. Para algunos psicólogos marxistas
como William Reich, la revolución sexual era un fenómeno capitalista,
basado en la propaganda comercial que genera más lucro. Por ello la
sexualidad debía desatarse de todo tipo de trabas y ataduras que
generen su represión. “La sexualidad... es la energía vital por
excelencia. Reprimirla equivale a desequilibrar las funciones vitales
fundamentales... Así la expresión más social de esto, desde el punto
de vista social, la encontramos en el comportamiento irracional de los
hombres, en su locura, en su mística, su religiosidad, en su
consentimiento de guerra, etc.”(William Reich, La sexualidad en el
combate cultural. Recopilado en Sexualidad: ¿Libertad o represión? Pág.
98). Las relaciones estrechas que existen entre sexualidad y moralidad,
estaban tratando de ser desarticuladas en occidente y en el oriente
comunista. Sin embargo aún existen parámetros que se consideran
“científicos” para regular el comportamiento sexual de los seres
humanos dentro de determinadas sociedades. En
el caso de los marxistas, la burguesía estaba manipulando
comercialmente la sexualidad para obtener beneficios lucrativos y de esa
forma establecer un dominio sub consciente en la sociedad con los parámetros
de consumo que incluyen la explotación sensual y la pornografía. Los
marxistas, lo tomaban como un enfrentamiento de clases, y no como un
desorden social. Esta visión elementalmente divisoria de la sociedad,
no trajo ningún aporte positivo al desarrollo de una conciencia social
que busca por sí misma una relación armoniosa y estable entre los
seres humanos de diversos orígenes que conforman un colectivo. Por otro
lado, la doctrina freudiana tiene una visión de cómo regular el
comportamiento sexual que puede parecer moral. Freud sostiene,
“Calificamos en efecto, de perversa, toda actividad sexual, que
habiendo renunciado a la procreación, busca el placer como un fin
independiente de la misma. De este modo, la parte más delicada y
peligrosa del desarrollo de la vida sexual es la referente a su
subordinación a los fines de la procreación. Todo aquello que se
produce antes de ese momento, se sustrae a dicho fin o sirve únicamente
para provocar placer, recibe la denominación peyorativa de perverso, y
es a tal título condenado” Sigmund Freud. Teoría general de la
neurosis 2ª, edición Biblioteca Nueva Madrid 1929 Pág. 101. Entonces,
existe una aparente contradicción en la teoría de Freud, en la cual la
libido es el principal agente en el desarrollo psicológico de una
persona. Sin embargo Freud considera que el placer mismo sin considerar
la procreación es perverso. ¿Es decir, las actividades que él mismo
considera parte del desarrollo humano son perversas? Esta característica
en la doctrina de Freud, tratando de establecer un comportamiento
“moral” con bases científicas bastante confusas, es la parte más débil
de su teoría. De la misma forma como el marxismo con todo su bagaje
“superestructural” ha sido desfasado del contexto actual, debido a
las implicancias erróneas que promovía en la naturaleza social e
individual del ser humano. El psicoanálisis ha demostrado ser ineficaz
debido a la imposibilidad de resolver diferentes problemas mentales en
el hombre moderno y por lo tanto en la sociedad actual. Las ideologías
materialistas de principios de siglo, han sucumbido debido a la búsqueda
constante del ser humano por sistemas de conocimiento más integrados,
que llenen las inquietudes de una naturaleza que es aparentemente
compleja, pero que al desentrañarse su realidad parece más simple de
lo que se trató de establecer. La necesidad de una moral y una regulación
en la conducta humana, es algo que puede no solamente parecer necesario,
sino es más, conduce al ser humano hacia un estado de equilibrio
interior que le permite vivir en armonía total con sus semejantes y
consigo mismo. La
Institución del Matrimonio. El
mundo progresa mediante multiplicación; las células se dividen y
aumentan. Los seres humanos y las restantes formas de vida reproducen su
especie. Las relaciones fundamentales de la vida se encuentran, por
tanto, en la familia. Por importante que sea el trabajo, no es la base
de la sociedad humana (como suponía Lenin). La base de la sociedad
civilizada es la familia. El hombre y la mujer son la unidad primordial;
alrededor de ellos se reúnen los círculos crecientes de niños,
parientes y amistades. Todas las sociedades humanas han organizado su
vida sexual en torno al matrimonio. G.P. Murdock, un sociólogo
norteamericano, tras examinar 558 sociedades, concluyó que el 75% de
estos grupos practicaba la poligamia, el 24% la monogamia y solo el 1%
la poliandria (matrimonio compuesto por una mujer y varios esposos). La
mayoría de las sociedades estudiadas se ubican en el tercer mundo, es
decir, en grupos más tradicionales. En 1861, el Jurisconsulto e
historiador suizo Johan Jakob Bachofen (1815-1887) publicó su obra el
“Derecho Materno” en la que exponía sus estudios realizados sobre
el origen de la familia. Bachofen trazó el origen de la familia hasta
el matriarcado que él consideraba como la primera forma de
consanguinidad reconocida en las sociedades primitivas y en la que no se
asignaba al hombre ninguna participación directa en la procreación, a
este estadio él denominó “heterísmo”; posteriormente con el
reconocimiento de la paternidad, los hombres tomaron posesión de
aquella mujer que engendraba sus hijos, surgiendo de esta manera la
monogamia. La tesis de Bachofen consideraba la evolución de las ideas
religiosas como el principal propulsor de estos cambios. El
evolucionista norteamericano Henry Lewis Morgan y otros científicos
como Mc Lenan, Lubbock, Girard-Teulon y F. Engels proseguirían el
trabajo iniciado por Bachofen. En
la tradición Judeocristiana la primera estructura organizacional del
matrimonio fue la poligamia, que se practicó ampliamente entre los judíos
y aún entre los primeros cristianos hasta el siglo IV; la monogamia fue
introducida al cristianismo como una concesión con la práctica y ley
romanas al igual que muchas otras costumbres que continúan hasta la
actualidad y que se asocian tradicionalmente con el cristianismo. El
matrimonio fue hasta bien avanzada nuestra era, una simple bendición
que recibían los cónyuges de una autoridad superior a ellos, no
necesariamente eclesiástica. Fue en el IV Concilio de Letrán (1215)
cuando la Iglesia empezó a fijarse en la institución matrimonial. Un
siglo después los sacerdotes unían las manos de los esposos como símbolo
de su compromiso de vida en común. Sólo a partir de la XXIV Sesión
del Concilio de Trento (1563), fue incorporado como “séptimo
sacramento”, indisoluble y “sagrado”, y esto de todos modos tras
una dilatada discusión. La Iglesia se vio forzada a convertir el
matrimonio monógamo en una institución sagrada (un sacramento) en gran
parte como una medida radical para denunciar la práctica de la
poligamia que estaba siendo promovida activamente por los anabaptistas
de Münster. Tanto en la tradición Católica como en la Bahá’í el
matrimonio está investido de santidad y propósito divinos, mientras
que el Derecho peruano lo reconoce como institución natural y
fundamental de la sociedad que el Estado está en la obligación de
proteger (Cap. II, Art.1). El
Pontificio Consejo para la familia con sede en el Vaticano emitió el 26
de julio del 2000, un documento intitulado Familia, Matrimonio y
“Uniones de Hecho”. Se advertía y se condenaba la práctica cada
vez más extendida de la convivencia como un modus vivendi que se
caracteriza “precisamente, por ignorar, postergar o aún rechazar el
compromiso conyugal”. El documento en mención manifestaba que estas
así llamadas “uniones de hecho”, convivencias o matrimonios a
prueba “no comportan derechos y deberes matrimoniales, ni pretenden
una estabilidad basada en el vínculo matrimonial”. Debe concluirse
entonces que la sociedad como parte del proceso de secularización está
gradualmente reemplazando la institución sagrada del matrimonio por un
concepto nuevo (... y decadente) de uniones a prueba que se fundan básicamente
en móviles hedonistas y utilitaristas. ¿Qué
hace del matrimonio una institución insustituible? Ante todo el
matrimonio es un compromiso ante Dios, ello lo eleva a una condición
que no hace posible ignorar fácilmente los derechos y deberes que
comporta tal unión. La paternidad responsable junto con el deber de
educar a los hijos, sólo puede ser valorado en su verdadera dimensión
si se parte de una reflexión espiritual sobre el significado que tiene
el matrimonio en los ámbitos personal y social de la vida humana. El
propósito fundamental del matrimonio es la procreación, esto es algo
muy especial, significa que la unión del hombre y la mujer es para
contribuir con nuestro Creador en su acción creativa. Una pareja puede
ser consciente o no del significado que esto tiene, pero el ser
consciente de ello permite a la pareja adecuarse a su tarea educadora
con todas las actitudes y cualidades necesarias que se requieren para
cumplir con esta desafiante tarea. La ética en la sexualidad. Todo
comportamiento humano se rige por un determinado código de valores que
puede ser socialmente implícito o explícito y puede estar sujeto a un
orden social o devenir de una asunción personal, pero siempre ha de
estar la vida humana emplazada por un esquema de valoración del ser, de
las acciones y de las realidades de la existencia. Las principales
fuentes creadoras de los paradigmas axiológicos son la religión y la
cultura. La filosofía sistematiza, critica y racionaliza los valores, y
la familia y la sociedad en general transmite estos valores a las nuevas
generaciones traducidos en conductas y actitudes ante la vida. La
industrialización, los adelantos científicos del s. XIX, y el auge de
los sistemas filosóficos materialistas y nihilistas cambiaron drásticamente
el panorama social en el que se desenvolvía la vida de los occidentales
de modo que nuevos esquemas morales han sustituido el antiguo paradigma
moral cristiano-platónico. La ruptura producida entre la ética y la
metafísica dio lugar a que los dos esquemas morales del Utilitarismo y
el Hedonismo se erigieran como los paradigmas orientadores del modus
vivendi del occidental. En palabras de J. L. Talmon: “La idea
racionalista substituyó la tradición por la utilidad social como
criterio principal de las instituciones y los valores sociales... Postuló
por tanto un único sistema válido...” (“El Origen del
Totalitarismo Democrático”, Pág. 3). En
la profunda transformación que atraviesa la vida social en occidente la
nueva moral utilitaria es cada vez más evidente. Aquellas virtudes que
tienen un impacto directo sobre el bienestar material de la sociedad,
son elogiadas y a menudo exageradas; al tiempo que otras virtudes que
hasta hace poco se valoraban desde un punto de vista puramente ético
como, por ejemplo, el amor filial o la fidelidad matrimonial, van
perdiendo rápidamente su importancia porque no proporciona un beneficio
material tangible a la sociedad. La era en que la fortaleza de los vínculos
familiares resultaba esencial para el bienestar del grupo o de la
sociedad están dando paso en el occidente moderno, a una era de
organizaciones colectivas mucho más impersonales. La conducta de los
hijos para con sus padres no es de gran importancia social. En
consecuencia, el padre occidental tiene cada vez menos autoridad sobre
su hijo, como es lógico, el hijo pierde el respeto por su padre. Sus
relaciones mutuas están siendo lentamente rescindidas y atrofiadas, a
todos los efectos prácticos, por los postulados de una sociedad
mecanizada que tiende a abolir todo privilegio de un individuo sobre
otro y-como consecuencia lógica de esta idea- también aquellos
privilegios nacidos de la relación familiar. La
disolución progresiva de la antigua moralidad sexual sigue una línea
paralela. La fidelidad y la disciplina sexuales están volviéndose rápidamente
una cosa del pasado en el occidente moderno, porque su motivación era
fundamentalmente ética y las consideraciones éticas no tienen una
influencia tangible e inmediata sobre el bienestar de la sociedad. Por
eso, la disciplina en las relaciones sexuales está perdiendo
importancia rápidamente y está siendo suplantada por una “nueva”
moralidad que declara la total libertad del cuerpo humano.
Hoy en día cada vez más personas consideran la sexualidad
desenfrenada como parte de su autorrealización y se extiende la
creencia de que vivir según la castidad conlleva a tener una vida
sexual frustrada. Sin embargo, fue a comienzos del siglo XX y cuando
todas estas corrientes de ideas individualistas sobre la libertad sexual
crecían e imperaban que el psicólogo austriaco Alfred Adler advirtió
que “La sexualidad no es un asunto privado” y si bien Adler se opuso
a que se enviasen homosexuales y travestis a las cárceles (lo que se
hacía entonces) afirmaba con suma energía que las aberraciones
sexuales eran problemas psiconeuróticos que urgían ser tratados médicamente. Otros psicólogos eminentes como Oswald Schawarz y Rudolf
Allers compartían en gran medida los criterios de Adler. Pero la
tendencia intelectual creciente de entonces era la individualización de
la sexualidad a la vez que
se denunciaba toda postura contraria o moderada como retrógrada o
reaccionaria; esta tendencia se convirtió en un movimiento social
importante desde entonces. Es así que actualmente los problemas de
conducta sexual individual no son -por lo menos visiblemente- atendidos
por los gobiernos mientras los problemas de salud y la prevención de
enfermedades físicas sí reciben según las posibilidades de los
gobiernos la atención requerida. Si
se asumiera que la sexualidad es un asunto exclusivo del individuo y por
lo tanto un principio inviolable de nuestra sociedad democrática también
se asumiría dentro de ella que las perversiones sexuales como la
homosexualidad, el incesto, la gerontofilia, el sadomasoquismo, la
zoofilia y demás, son todas posibles y tolerables, (salvo la pedofilia
y la necrofilia): lo cual hace sumamente difícil trabajar en la solución
preventiva de la delictividad sexual que irónicamente sólo puede
controlarse en cierta medida con procedimientos legales y penales que
los primeros defensores de la libertad sexual hubieran caracterizado
como “reaccionarias”. “Algunos
estudios de la Organización Mundial de la Salud sugieren que una
tercera parte de la población femenina adulta, y una quinta parte de la
masculina, han experimentado algún tipo de abuso sexual en la
infancia”[1]...
“Las estadísticas mundiales indican que 170 millones de niños
padecen abusos cada año, de los cuales un 90% son niñas”[2].
Por ello, un Estado que piensa que no debe atender los problemas
sexuales sino hasta que se tornen altamente destructivos, está permitiendo que estos problemas proliferen, se tornen endémicos
y delictivos. Los
filósofos griegos más importantes, dieron una notable importancia al
control de las pasiones sensuales. Es el caso de Diógenes Laercio,
quien sostenía “... Al dejar de lado las penas fútiles que nos damos
y al ejercitarnos conforme a la naturaleza, podremos y debemos vivir
felices... El propio desprecio del placer nos daría si nos ejercitamos,
mucha satisfacción. Si quienes han tomado la costumbre de vivir en
placeres sufren cuando se les hace cambiar de vida, quienes se han
ejercitado en soportar las cosas penosas desprecian sin pena los
placeres.” Diógenes Laercio vida de filósofos vii, 2, 70. Inclusive
Aristóteles, quien no fue un estoico, sostuvo la necesidad del
aprendizaje moral y la virtud sobre los placeres “Absteniéndonos de
los placeres nos volvemos sobrios, y una vez que hemos llegado a serlo,
entonces somos en máximo grado capaces de abstenernos de los
placeres”. La actitud de los pensadores griegos antiguos y de sus discípulos,
no se referían a una renuncia total de los placeres, sino a expresarlos
dentro de un marco de moderación y control. Aristóteles dice en la Ética
nicomaquea “Todos los hombres, en efecto gozan en algún modo los
manjares, los vinos y los placeres del sexo, pero no todos lo hacen de
la manera debida”. Los
escritos bahá’ís, no desalientan el disfrute de los placeres
humanos. Shoghi Effendi explica “Las normas inculcadas por Bahá’u’lláh
no tratan bajo ninguna circunstancia de negar cualquier derecho o
privilegio legítimo por obtener la mayor ventaja y beneficio de las múltiples
felicidades, bellezas y placeres con los que el mundo ha sido tan
abundantemente enriquecido por un Creador todo Amoroso.” Sin
embargo el disfrute de los placeres se encuentra sujeto a un marco de
normas que ordenan los instintos humanos y los subliman. El impulso
sexual tiene legitimidad dentro del matrimonio, denominado como
“fortaleza para el bienestar” del individuo y la sociedad. En los
escritos de Shoghi Effendi hay orientaciones al respecto “El uso
adecuado del instinto sexual es derecho natural de toda persona y es
precisamente con este propósito que se ha establecido la institución
del matrimonio. Los bahá’ís no creen en la supresión del impulso
sexual sino en su regulación y control.” La
moderación de los deseos instintivos, es uno de los elementos que
brindan tranquilidad y armonía a la vida humana, permiten ordenar y
tener un criterio más libre para resolver los problemas cotidianos,
aseguran las relaciones saludables y fraternas entre los miembros de una
familia y una comunidad. De hecho la regulación de la conducta para
lograr un control sobre uno mismo, fue considerada la meta del hombre
noble. Platón describe una de las conversaciones con Sócrates en La
República, en la cual su maestro explicaba una de las cuatro virtudes
fundamentales (templanza, prudencia, valor y justicia) “La templanza
es una especie de orden y señorío en los placeres y pasiones”. El
control y dominio de los impulsos instintivos, es uno de los rasgos
evolutivos más importantes del ser humano moderno, los griegos hace dos
mil años lo consideraron algo fundamental. La lucha constante contra
los sentimientos que esclavizan al ser humano, fue descrita por Platón,
Jenofonte, Aristipo y algunos otros filósofos, considerando la victoria
sobre uno mismo como “la más grande de las victorias”. El fin de
este desapego, no era otro que el de gobernar mejor. Jenofonte en la
Económica, describe las cualidades que debe tener aquel quien gobierne
mejor su hogar, y cómo una persona que es arrastrada por sus pasiones
resulta incompetente en administrar una familia. Platón en la República,
también considera que los gobernantes de una polis deben en primer
lugar gobernar sus sentimientos inferiores, porque la ausencia de
templanza impedía desarrollar el juicio del gobernante y hacerlo
razonar mejor para el bienestar del pueblo. Este legado de la Grecia clásica
es sin duda uno de los ejemplos más sabios y hermosos acerca de la
realidad humana como colectivo y como individuo. La “renuncia”
considerada como un poder humano para reducir las bajas pasiones, nos
permite también equilibrar nuestra conducta y lograr una visión más
libre sobre la plenitud de nuestra naturaleza. Una ética sexual
trascendente. Mientras se hace cada vez más evidente la urgencia de un
nuevo código moral apropiado para esta época de cambios acelerados,
son pocos los pedagogos y científicos de la sociedad realmente
preocupados y dedicados al estudio de este tema. En 1992, un grupo de
profesionales comprometidos con los procesos de desarrollo alternativo
en países del “tercer mundo” publicaron un interesante ensayo de
educación moral, titulada: “Exploración de un Marco Conceptual para
la Educación Moral”. Los autores de esta obra, Lori Mc Laughlin
Nogouchi, Holly Hanson y Paul Lample establecen un diálogo entre la
ciencia y la religión para así desarrollar un nuevo discurso moral que
sirva como marco teórico a los programas curriculares. Algunas
de las ideas desarrolladas en este capítulo fueron tomadas de esta
propuesta pedagógica. Otras fuentes importantes para este capítulo son
los libros: “Sexualidad, relaciones y crecimiento espiritual” de la
psiquiatra Suiza Agnes Ghaznavi, y “Amor, Noviazgo y Matrimonio” de
la Dra. Joan Barstow de Hernández. Todos estos autores son Bahá'ís y
sus contribuciones se hallan fuertemente influenciados por su conciencia
moral Bahá'í. Cualidades Espirituales. El desarrollo de una sexualidad
sana está relacionado estrechamente con la salud psíquica y el
desarrollo moral del carácter. Algunas de las cualidades y actitudes
fundamentales requeridas para este propósito son expuestas a continuación.
Castidad.
La cualidad de la castidad se entiende como la pureza en la vida sexual
y esto significa conservar los poderes sexuales personales hasta su
debida expresión en el matrimonio. La castidad protege a las personas
de la omnipresencia del sexo, también evita que se cultiven apetitos
exagerados que después provoquen desarmonía en los matrimonios debido
a las comparaciones con experiencias previas. La castidad además libera
a las personas del juego emocional de los celos, así como de las
perversiones sexuales. Contrariamente
a lo que mucha gente cree, la castidad sí puede ser practicada.
Numerosos médicos y psicólogos han destacado el valor de la castidad
en la vida sexual, entre ellos se encuentran: Paolo Mantegazza (el padre
de la sexología moderna), Richard Kraft-Ebbing (clasificador de las
patologías sexuales), Alexis Carrel (famoso investigador médico,
ganador del premio Novel). Y aún otros como Friedel, Raoult, Acton, Le
Veziel, De Montegre, Hercourt, Surbled, Francote, Herezen, Hufeland,
Dubreuihl, Ribbing, Fournier, etc. también ratifican esa opinión. En
las sociedades primitivas y aquellas que han perdido la perspectiva de
la castidad, el libertinaje sexual ha conducido a la degeneración del
deseo sexual convirtiéndolo en una fuerza destructiva que conlleva a la
violencia y a la perversión (violación, maltrato a la esposa,
prostitución, etc.) así como a la creencia -hoy bastante difundida- de
que los seres humanos son así por naturaleza y nada puede hacerse al
respecto. Por otro lado, la represión sexual también ha conducido a
expresiones decadentes del deseo sexual, tales como la homosexualidad,
el travestismo, y aun a la excesiva excitación nerviosa y hasta la
psicosis. Nuevamente las personas caen en el error de suponer que la
perversión es un derecho del individuo y que así debe ser considerado
por la ley. La Dra. Ghaznavi expresa en términos muy claros la
importancia de la castidad en la vida individual: “La castidad es el
broche de protección de la fragilidad del individuo, que actualmente no
es lo bastante sabio para utilizarla, para resguardarse de todo tipo de
abusos, intrusiones, brutalidad y destrucción. Puede parecer estúpido
poner vallas en un jardín lleno de flores raras; parece como si uno lo
separase también de su disfrute por otras personas. Cuando los perros
vagabundos que huyen del hambre lo han pisoteado, ya parece demasiado
tarde para protegerlo. Cada ser humano tiene uno de esos jardines raros
y preciosos: su jardín interior. Las leyes como la de la castidad
sirven para resguardarlo de la destrucción. La fragilidad del ser
humano origina muchos frutos raros, como la ternura, el florecimiento de
la intimidad acompañada de la confianza e inocencia, o el delicado don
del afecto. Todas estas cualidades constituyen una parte de la
sexualidad moderna. Si la castidad no está presente para
salvaguardarlas, estas otras virtudes no pueden romper la costra y
aflorar.” Es necesario aquí hacer una conveniente diferenciación
entre lo que significa la castidad como valor moral y lo que fueron
aquellas tendencias antisexuales que durante siglos difamaron la faceta
sexual de la personalidad humana. El precepto de la castidad no
significa reprimir, castidad significa más bien aquel proceso de
coordinación en que el individuo aprende a dominar sus deseos físicos
como un requisito previo al matrimonio. Este proceso tiene varios
niveles de evolución hacia una instancia cada vez mayor de coordinación
y refinamiento del deseo con los valores y principios espirituales. La
castidad implica tanto el uso de la libertad como su limitación,
significa saber sentir, notar, comprender y preservar hasta que aquel
momento de consumación en el contexto de la relación matrimonial. Higiene
Mental. La salud mental tiene una relación causal con la sexualidad.
Esto es reconocido ampliamente por los psicólogos, sin embargo existen
divergencias en cuanto al modo en que se considera que ambas se
relacionan. Para Alfred Adler , el creador de la psicología individual,
las aberraciones sexuales no eran en primer término “sexuales”,
sino psiconeuróticas, aberraciones “existenciales”. Adler
consideraba que la vida sexual estaba regida por factores caracteriales,
entonces la vida sexual sería un “movimiento de expresión” de la
personalidad. Esta teoría fue el basamento teórico para la obra
“Pedagogía Sexual” del psicólogo Rudolf Allers (una de las
primeras contribuciones en el campo de la pedagogía sexual). Por ello
toda desviación sexual se puede interpretar en un estudio profundo de
la personalidad como una “desviación caracterial”. La
aplicación pedagógica de estos conceptos se traduce en la práctica de
la “higiene mental”, la que enseñada especialmente en la pubertad
resulta siendo un medio eficaz para prevenir los vicios sexuales y las
perversiones. La higiene mental supone primero una comprensión
desprejuiciada del sexo, sin miedos, complejos de culpa o censura
indiscriminada. La higiene mental también supone que las personas
aprendan a mantener puros sus pensamientos sin entregarse a fantasías
sexuales que les exciten los nervios y perjudiquen su salud psíquica.
El arte, el deporte y las buenas amistades son factores que contribuyen
a la práctica de la higiene mental, mientras que la ociosidad, la
pornografía y las conversaciones obscenas tienen un efecto
contraproducente. La higiene mental refuerza la salud nerviosa, y en
esta condición la práctica de la castidad se hace mucho más fácil.
De este modo la sexualidad -la fuerza creadora de vida- es prevenida de
degenerar en fuerza destructiva como perversión. Fidelidad
y Lealtad. Dentro del matrimonio el valor de la castidad se traduce a
otros dos principios que actúan en el contexto de la relación.
Mientras durante la adolescencia y la juventud temprana la castidad
suponía la práctica del autocontrol del deseo, dentro del plano
matrimonial la castidad significa fidelidad, es decir construir nuestra
vida sexual con aquella persona que es nuestro cónyuge. La
lealtad es un concepto amplio que abarca también la fidelidad, y se
puede comprender como una actitud de compromiso que se tiene para con el
cónyuge. La lealtad quiere decir preocuparse por el otro, por su
desarrollo como persona, por su felicidad, por su autenticidad,
significa además serle fiel, apoyarle en sus metas y vivir la felicidad
del otro. Reciprocidad.
Estrechamente relacionado con los dos principios anteriores está el de
la reciprocidad. La reciprocidad dentro del matrimonio está
condicionada por: · el amor mutuo el respeto (admiración) · y la
confianza. El desconocimiento de la reciprocidad es causa de que la
mayoría de matrimonios no prosperen. Es un hecho axiomático que todas
las personas hemos de cambiar, crecer y atravesar etapas durante el
trayecto de nuestras vidas. Siendo que la mayoría de las personas se
casan jóvenes, muchas veces desconocen esto y sufren el efecto de no
estar adecuadamente preparados para afrontar este hecho de la vida. La
visión más ennoblecedora que existe con respecto al matrimonio es
aquella que supone que uno debe casarse por amor, sin embargo esa
apreciación es parcial, aunque seguramente mucho más aceptable que
otras que fundan el matrimonio en el interés personal. Efectivamente,
el amor es un elemento fundamental, más aun, decisivo para casarse,
pero tan importante como el amor son el respeto y la confianza. Juntos,
el amor, la confianza y el respeto el fundamento para una relación de
reciprocidad, sin la cual ningún matrimonio puede evolucionar a su
plenitud. Cuando un joven o cualquier persona están pensando elegir una
pareja para toda la vida pocas veces considera que el respeto y la
confianza tienen tanta importancia como el amor. Parece increíble que
muchas relaciones románticas o pasionales de personas que aspiran a
formar un hogar están envueltas en juegos emocionales en donde los
celos, el maltrato psicológico y la dominación se van configurando
como los elementos más característicos de esas relaciones. Pero lo
cierto es que la mayoría de jóvenes, muy especialmente aquellos que no
tienen formación académica, toman precisamente ese cuadro patológico
como un indicador de que su relación esta marchando hacia establecerse
en la fundación de un hogar. Una relación sólo puede aspirar hacia el
matrimonio cuando además del “amor mutuo”, existe un profundo
respeto y admiración igualmente mutuos entre los contrayentes. La
confiabilidad es ese otro requisito indispensable que consiste en
aquella confianza que es el resultado de un conocimiento profundo del
carácter de la pareja y de una relación fundamentada en una amistad
sincera. Ternura.
La ternura es un aspecto de la sexualidad cuya importancia es
subestimada en el común de las personas. Muy especialmente en los
hombres se ha creado una falsa dicotomía entre erotismo y ternura, que
conlleva a una doble vida sexual en donde la ternura es parcialmente
expresada con la esposa y las fantasías eróticas se satisfacen con
otras mujeres (prostitutas, amantes). La posibilidad de expresar ternura
esta relacionada con la práctica de la castidad durante la
adolescencia. Cuando en la adolescencia se ha practicado la castidad (y
la higiene mental) la sexualidad es protegida de desarrollar “hábitos
sexuales” (erotomanías) que posteriormente dificulten a las personas
el poder establecerse satisfactoriamente en una relación monogámica.
La castidad permite que durante la adolescencia el deseo sexual se
refine por sentimientos sublimes como el amor, la ternura y la candidez.
En una relación matrimonial el amor es importante en el grado en que éste
se manifiesta. Afecto y ternura son expresiones de amor, pero además
son “necesidades” humanas normales que si faltan pueden perjudicar
visiblemente el desarrollo individual o de una relación. Usualmente las
mujeres han aventajado en este aspecto a los hombres. La ternura del
corazón puede expresarse de muchas e ingeniosas formas, desde la
expresión en el tono de la voz, la demostración de preocupación por
el otro, los cuidados, el compartir, las caricias y la caballerosidad
hasta los detalles más sutiles que recuerden a la pareja lo mucho que
es querida. Amistad.
La práctica de la castidad durante la adolescencia y la juventud
temprana permite a los individuos aprender a cultivar amistades
profundas y sinceras con el otro sexo. Estas amistades son en cierto
modo una preparación para la relación matrimonial. Cuando los jóvenes
cultivan una amistad profunda con personas del otro sexo en un contexto
de confiabilidad, respeto y pureza, entonces aprenden a conocer y
valorar las diferencias de los sexos en lo relativo al carácter y las
sensaciones. Esta “comprensión” entre los sexos es muy importante
para una posterior relación matrimonial. El
matrimonio es un camino de la verdadera amistad. Una de las causas de
problemas en los hogares es que las parejas no son realmente amigas sino
amantes o enamorados que después se convirtieron en convivientes unidos
por los hijos, la costumbre, la necesidad, o por algún interés. Los jóvenes
que aspiran a unir sus vidas con otra persona deben ser principalmente
amigos, el principal obstáculo para lograr esto es una percepción
excesivamente romanticista del significado del matrimonio. Esto es muy
cierto en el caso de las mujeres cuyo conocimiento del amor proviene básicamente
de las telenovelas. La temática de estas novelas son los amores
incomprendidos basados en un extraño sentimiento platónico-compulsivo
que se desenvuelve entre muchos personajes caricaturizados como los
crueles perseguidores de la pareja protagonista elegida por el destino;
los demás aspectos de la vida tales como la solidaridad familiar, el
trabajo, las metas personales, las preocupaciones sociales y aun la
paternidad son secundarios o no tienen importancia. Esto explica fácilmente
cómo muchos jóvenes y en especial mujeres toleran humillaciones y aun
maltratos por el simple hecho de que están “enamoradas”. El
sentimiento romántico no engendra lealtad, quizás fidelidad, pero
mientras una relación romántica no se desarrolle dentro de un marco de
amistad sincera, la lealtad no se proyectará nunca sobre la relación.
Cuando una pareja no ha desarrollado una fuerte amistad eventualmente
cederán a patrones tradicionales de una relación basada en roles o se
convertirán inconscientemente en la sucursal de sus familias
originarias. Cada uno se refugiará en sus respectivos trabajos,
ocupaciones y en sus demás amistades. Nuevamente es necesario mencionar
que el cambio es un aspecto ineludible que también ha de caracterizar
la amistad dentro del matrimonio, y es en este sentido que la amistad y
el amor juegan un papel importante en la actitud de aprendizaje y
compromiso que ambos miembros de la pareja deben asumir. Cuando
los hijos maduran y dejan el hogar, los padres quedarán solos para
reestructurar su relación como una pareja que se prepara para la
ancianidad, entonces la amistad va a ser muy importante para que ellos
puedan revisar los aspectos de sus vidas e introducir nuevos elementos
en esta nueva etapa de su relación. La génesis de una nueva raza de
hombres. El poder sexual es uno de los fundamentales del ser humano,
debido a que permite la procreación y la subsistencia de la especie,
los escritos bahá’ís sostienen que la gestación de nuevos seres
humanos implica no solamente la formación de nuevos cuerpos, sino también
de nuevas almas, los cuales se desarrollan para acometer elevados propósitos
“Desposáos, oh pueblo, para que engendréis a aquel que haga mención
de Mi en medio de mis siervos. Este es mi mandato para vosotros.” La
“gestación” del alma, tiene inclusive características
hereditarias, las cuales dependen del nivel de desarrollo espiritual de
los padres. Abdú’l Bahá explica “La diversidad de cualidades
heredadas se debe a la robustez o debilidad de constitución, es decir,
cuando los padres son débiles, los niños también lo serán; si los
padres son sanos los niños serán robustos. De la misma manera, la
pureza de sangre tiene un efecto importante, porque el germen sano es
como la estirpe superior que se halla entre los animales y las plantas.
Por ejemplo, se observa que los hijos nacidos de padres débiles tienen,
naturalmente, una constitución débil y nervios débiles; sufrirán
diversos males y no tendrán paciencia ni resistencia, ni resolución ni
perseverancia, y serán impulsivos, porque los niños heredan las
debilidades de los padres.” Si lográramos alcanzar notables estados
de desprendimiento en nuestra vida, seguro podemos atraer bendiciones
espirituales a nuestros descendientes en el momento de la concepción, y
de esta manera colaborar con la creación de una nueva raza de hombres.
La importancia de la sexualidad para el destino de la nueva humanidad,
se acentúa si procedemos cultivando nuestro espíritu y el de nuestra
pareja, disfrutando de los placeres que un Creador amoroso ha colocado
en nuestro íntimo ser y educando a nuestra progenie quienes
naturalmente pueden continuar la senda de su evolución que
inconteniblemente ha sido puesto en marcha.
NOTAS:
(*) Profesor de Educación Secundaria en la especialidad de Historia y geografia. Miembro de la Comunidad Bahá'í de Huaraz. E-mail: badi9@bahaiemail.com (**) Estudiante de Economía. Miembro de la Comunidad Bahá'í de Arequipa. E-mail: daviacep@yahoo.com
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