La Pluma del Conocimiento |
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La Retórica Gnóstica de la Espiritualidad en las Escrituras Bahá’ísBadí Villar (*)
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Este
escrito contiene una sencilla exposición de la riqueza de expresiones
gnósticas que abundan en la retórica bahá’í de la espiritualidad,
al tiempo que demuestra una diferencia substancial en cuanto a la
cosmogonía, el compromiso social y la afirmación de la vida en el
gnosticismo y en la Fe Bahá’í. Toda referencia al “gnosticismo”
será una alusión directa al fenómeno religioso (denominado con dicho
término) que se desarrolló durante el Imperio Romano, y ocasionalmente
a las formas que este adoptó dentro del Judaísmo, el
Cristianismo y el Islam. La Gnosis:
liberación por el conocimiento Al estudiar el
fenómeno gnóstico sus primeros investigadores se abocaron a la tarea
de precisar cuáles pudieron haber sido las fuentes religiosas que
dieron lugar al surgimiento del gnosticismo, esta era fundamentalmente
una preocupación histórica que pretendía establecer el origen de este
fenómeno religioso por medio de un estudio comparativo, rastreando tópicos
gnósticos en tradiciones religiosas más antiguas. Sin embargo, aunque
este procedimiento trajo consigo interesantes hallazgos, los
investigadores todavía no pueden ponerse totalmente de acuerdo en señalar
un punto de partida exclusivo del gnosticismo. Por otra parte,
hubo otros investigadores que se interesaron más en las reflexiones
existenciales que planteaba el gnosticismo y abordaron el estudio de
este fenómeno centrándose en su contenido antes que en su origen. Para
estos investigadores el gnosticismo era una manera particular de
reflexionar sobre el mundo y la vida. Según su explicación el
pensamiento gnóstico se elaboró a partir de una visión pesimista del
mundo y un anhelo de auto trascendencia. [1]
En efecto
nosotros podemos comprobar que los gnósticos sentían un rechazo
profundo por la vida terrenal pues creían que el universo había sido
creado por un ángel que obró en desobediencia a Dios; para ellos el
creador del mundo material no podía ser el verdadero Dios pues siendo
que este mundo era corrupto su autor también debía de serlo. Entonces,
ellos elaboraron una cosmología compleja en la cual Dios era
considerado como absolutamente trascendente y autor de las realidades
espirituales, mientras que la existencia del mundo material era
atribuida a un ente negativo. [2] Sobre la base de
una antropogonía platónica los gnósticos identificaban el alma como
el núcleo existencial del ser humano, creían además que el alma vive
exiliada en el mundo físico debido a un desorden cósmico que lo colocó
en ese estado degradante. Los gnósticos aspiraban a liberarse de esa
condición humillante en la que creían encontrarse para retornar o
reintegrarse al mundo espiritual del que sus almas descendieron. Según
estos hombres la liberación sólo podía lograrse a través de la
gnosis, es decir por el conocimiento, pero no por medio de cualquier
conocimiento sino por medio del conocimiento intuitivo que era fruto de
la iluminación a la que sin embargo sólo podían acceder los iniciados
en círculos esotéricos; forma en que organizaban los gnósticos. Es así
que los gnósticos distinguían tres categorías de hombres: los hilicos
(materialistas) que eran todos aquellos que vivían para satisfacer
exclusivamente sus necesidades materiales; los psíquicos (de psique,
alma) que vivían una vida moral e intelectualmente aceptable; y los
pneumáticos (de pneuma, espíritu) quienes serían los propios gnósticos.
Sobre cómo era
esta gnosis o iluminación a la que creían tener acceso los gnósticos,
tenemos la siguiente explicación que ofrece H. Ch. Puech, un
especialista en temas gnósticos: “…Se refiere
a una experiencia interior, llamada a convertirse en un estado
inadmisible, en virtud de la cual, en el curso de una iluminación que
es renegación y divinización, el hombre se reinstala en su verdad,
rememora y alcanza nuevamente conciencia de sí, es decir, simultáneamente
de su naturaleza y origen auténticos; así es como se conoce o se
reconoce en Dios y se ve a sí mismo como emanado de Dios y extraño al
mundo, adquiriendo de esta forma, con la posesión de su ‘yo’ y
condición verdaderos, la explicación de su destino y la certidumbre
definitiva de su salvación, al descubrirse como ser, de derecho y desde
toda la eternidad, salvado” [3] En las
Escrituras Bahá’ís puede encontrarse muchas referencias al
conocimiento soteriológico. Los conceptos que se utilizan provienen del
misticismo islámico aunque en su uso son desembarazados de las prácticas
y creencias con que están asociados en su contexto original, que es la
elitización iniciática. Toda vez que nosotros encontramos en los
Escritos de Bahá’u’lláh una mención al conocimiento de Dios o a
los misterios divinos es porque en el original árabe o persa se esta
usando las palabras ‘irfan o ma’rifah cuyos
significados son: conocimiento divino, esclarecimiento del corazón o
simplemente iluminación. Al buscador del Cuarto Valle, Bahá’u’lláh
lo denomina ‘arifán: conocedor místico. ‘Arifán es el
equivalente árabe para designar al gnóstico, y es el término con que
se denomina a los musulmanes inclinados al misticismo. En el Islám
existen numerosas escuelas esotéricas similares a los círculos iniciáticos
de los gnósticos de la antigüedad. Sin embargo, a diferencia de
aquellos gnósticos que se enorgullecen de poseer un conocimiento que
los hace superiores al resto de sus congéneres, las enseñanzas bahá’ís
exaltan la humildad como el supremo distintivo de las almas purificadas. “Todo hombre
de discernimiento, al caminar sobre la tierra realmente se siente
avergonzado porque sabe perfectamente que el objeto que es fuente de su
prosperidad, su riqueza, su poder, su exaltación, su progreso y fuerza,
como ha sido ordenado por Dios, es la tierra misma, la cual hollan los
pies de todos los hombres. No cabe duda que quienquiera sea conciente de
esta verdad, se ha purificado y santificado de todo orgullo, arrogancia
y vanagloria”. (El modelo de vida bahá’í. Pág. 25) “La humildad
exalta al hombre al cielo de la gloria y poder, mientras que el orgullo
lo sumerge en las profundidades de la vileza y degradación”. (Ídem.
Pág. 24) Bahá’u’lláh
confirma la tradición que afirma: “El conocimiento es una luz que
Dios vierte sobre el corazón
de aquel a quien a Él le place” (Los Cuatro Valles. Pág.74).Se
entiende por ello que el conocimiento divino es un regalo de Dios, y que
no basta sólo con pretenderlo, ya que si bien todos debemos esforzarnos
por recibirlo, Dios -por decirlo de cierta manera- se reserva el derecho
de admisión a éste. Bahá’u’lláh censura la actitud pretenciosa
de aquellos que se consideran sabedores de verdades espirituales
exclusivas para una élite. [4] La Agnoia: la
condición del alma negligente Uno de los temas
recurrentes en las oraciones y obras místicas de las Figuras Centrales
de la Fe es el alejamiento y olvido en que vive el hombre, que por su
inconsciencia de Dios se excluye a sí mismo de la gracia de la comunión
divina. Dios reclama estar siempre cerca de nosotros y nos reprocha la
lejanía que nosotros mismos nos hemos impuesto al dedicar nuestro corazón
a cosas pasajeras e indignas de nuestro afecto. En las Palabras
Ocultas leemos que Dios dice al hombre: “¡Oh Móvil
Forma de Polvo! Yo deseo la
comunión contigo, pero tú no confías en Mí. La espada de tu rebelión
ha derribado el árbol de tu esperanza. Estoy cerca de ti en todo
momento, pero tú estás siempre lejos de Mí. He escogido gloria
imperecedera para ti, pero tú has elegido vergüenza sin límite para
ti mismo. Mientras aún haya tiempo, vuelve y no pierdas tu
oportunidad.” (Palabras Ocultas. 21 Del Persa) Para los gnósticos
la prueba decisiva de que el hombre no pertenece a este mundo era el
hecho de que éste se planteara cuestiones existenciales: ¿Quién soy?
¿De dónde vengo? ¿Por qué estoy aquí? El alma se reconoce como
ajena a este mundo aunque tenga que vivir en él, y aunque reconozca su
existencia corpórea y cómo se originó, aún así sigue preguntando
por qué; quien pregunta es el alma. Un texto gnóstico reza así: “Tú
no provienes de aquí, tu cepa no es de aquí: tu lugar es el lugar de
la vida” [5] Sin embargo,
mientras en el gnosticismo se da el desprecio por el cuerpo, por
considerarlo el lazo fatal que mantiene al alma inconsciente de sí
misma, en las Escrituras Bahá’ís la censura se dirige al descuido
con que vive el hombre que se muestra indiferente al llamado de Dios.
Bahá’u’lláh no condena el cuerpo sino la condición de animalidad
en que vive el alma que permanece ignorante de su realidad. “¡Oh amigo!,
el corazón es la morada de misterios eternos, no la conviertas en hogar
de caprichos pasajeros; ni derroches el tesoro de tu preciosa vida ocupándolo
en este mundo fugaz. Provienes del mundo de la santidad no ates tu corazón
a la tierra; eres morador de la corte de la cercanía no elijas la
patria del polvo.” (Siete Valles, Pág. 53) El estudioso bahá’í
Christopher White ha investigado y escrito un interesante trabajo sobre
el tema de la separación y el encuentro del alma con Dios.[6]
En su ensayo White resalta la insistencia con que se repite en las
oraciones y composiciones místicas de Bahá’u’lláh el tema de la
lejanía, el olvido, la rebelión, la recordación, y el retorno del
alma hacia Dios. White piensa que la oración es esencialmente un
proceso eficaz de recordación por el que el alma puede recuperar en su
corazón la comprensión del propósito para la que fue creada. Al hacer nuestra
la percepción de White, podremos reconocer mejor la forma como Bahá’u’lláh
usando el lenguaje y las categorías ontológicas platónicas apela a la
imaginería humana con metáforas ricamente embellecidas con imágenes
de tiempos remotos -tan remotos que se pierden a la memoria-, y con
extensiones y constricciones del espacio en el que nos vemos -según
nuestra propia condición espiritual- ya sea cercanos o distantes de
Dios. “¡Oh
Mis Amigos! ¿Habéis
olvidado aquella verdadera y resplandeciente mañana, cuando en aquellas
sagradas y benditas cercanías estabais todos reunidos en mi presencia,
a la sombra del árbol de vida, que está plantado en el paraíso todo
glorioso? Sobrecogidos escuchasteis cuando pronuncie estas tres santísimas
palabras: ¡Oh amigos! No prefiráis vuestra voluntad a la mía, nunca
deseéis lo que no he deseado para vosotros, y no os acerquéis a Mí
con corazones sin vida, manchados de deseos y anhelos mundanos. Si tan sólo
santificarais vuestras almas, en este mismo momento recordaríais aquel
lugar y aquellas cercanías y la verdad de mis palabras se haría
evidente a todos vosotros.” (Palabras Ocultas. 19 del Persa) La
Apokoptesthai: el desprendimiento del mundo contingente Dentro del
esquema soteriológico gnóstico el punto de inflexión a partir del
cual el hombre empieza su éxodo hacia la dimensión espiritual
es el sentimiento de extrañeza, la extrañeza de vivir en
un mundo sujeto a la corrupción del que uno se siente ajeno. Para los
gnósticos la materia era sinónimo de mal y por eso buscaban liberarse
de su influencia, para ello se refugiaron en la vida ascética y era en
ese estado que esperaban la llegada de la muerte, que finalmente los
liberaría de la esclavitud de la materia. Puesto que para los gnósticos
el suicidio no era una opción moralmente aceptable, el alma no debía
sucumbir a la angustia, antes bien tenía que ganar la victoria sobre el
cuerpo y esperar que su propia corrupción lo aniquile. El gnóstico no
sentía ningún compromiso más que consigo mismo, no podía al mismo
tiempo salvar su alma y tratar de salvar a la sociedad, que en su opinión
no tenia remedio alguno. El gnosticismo es una filosofía de principio
individualista; aunque se hace necesario advertir que desde el
Renacimiento algunas fraternidades gnósticas se comprometieron
activamente con la política e inclusive tuvieron cierto protagonismo en
cambios políticos que se operaron desde entonces. [7] Es en este punto
donde la retórica gnóstica y bahá’í sobre el crecimiento
espiritual diverge, porque lo que enseña Bahá’u’lláh no es que
debamos huir del mundo o ver la vida como un valle de lagrimas. Su
llamada va más allá de cualquier solución escapista. El llamado de
Bahá’u’lláh es una exhortación a elevar nuestras conciencias
sobre los intereses básicos de la vida material como son la
supervivencia o la búsqueda de comodidades, para así llegar a
discernir todas las cosas desde la óptica de la espiritualidad. Se
entiende que el mundo no es nuestro enemigo, sino antes bien es el medio
por el que podemos ganar la victoria sobre nuestro propio ego. Pero para
aquellos cuyas miras son bajas, el mundo se convierte en un poderoso
obstáculo para percibir el sentido último de la vida. Por otra parte,
las enseñanzas de Bahá’u’lláh resaltan el aspecto social de la
vida moral. Los bahá’ís son exhortados a trabajar en pos del
progreso de la civilización. El desarrollo moral no puede estar asilado
del compromiso con el bienestar común. “Cada época
tiene sus propios problemas y cada alma su aspiración
particular…Preocupaos fervientemente de las necesidades de la edad en
que vivís y centrad vuestras deliberaciones en sus exigencias y
requerimientos”. (Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh. Pág.150) “¡Oh Mi
Siervo! Los más bajos
entre los hombres sobre la faz de la tierra son aquellos que no producen
fruto alguno. Tales hombres, en verdad, se han contado entre los
muertos; no, peor aún, mejores son los muertos ante la vista de Dios
que aquellas ociosas e inútiles criaturas”. (Palabras Ocultas. 81
Del Persa) Mientras que
para el gnosticismo el desprendimiento ha significado tradicionalmente
el dominio del alma conciente sobre los deseos del cuerpo, los Escritos
Bahá’ís definen el desprendimiento como el amor absoluto e
incondicional del hombre por Dios. Estar desprendido no significa
despreciar las cosa materiales, pues un hombre puede vivir una vida muy
puritana o ascética y aún así estar apegado a otras cosas, quizás a
un sentimiento de superioridad que incluso puede considerar como un
distintivo a su honor, o alguna ambición de poder o fama. Y, por el
contrario, una persona puede estar rodeada de riquezas y tener un corazón
como el de Job, totalmente entregado al recuerdo de Dios. “¡Oh Hijo del
Espíritu! No habrá paz
para ti, mientras no renuncies a ti mismo y te vuelvas hacia Mí; pues
te incumbe gloriarte en mi nombre y no en el tuyo, poner tu confianza en
Mí y no en ti mismo, ya que deseo ser amado solo y por encima de todo
cuanto existe. (Palabras Ocultas. 8 Del Árabe) La Gnosis
dentro de la Alianza Al comenzar este
trabajo hicimos mención del hueco problemático en que se hallan los
investigadores para poder establecer el origen histórico del
gnosticismo. Se hizo una breve referencia a ciertos estudiosos que
dieron un salto sobre este problema al reconstruir el estudio del
gnosticismo combinando los métodos fenomenológico e histórico-crítico,
para enfocar las bases psicológicas del pensamiento gnóstico en el
proceso de construcción de su sistema de creencias. Se concluyó en que
el gnosticismo se desarrolló sobre la base de un modo de pensar
pesimista que respondía a una profunda inconformidad que sentían
muchas personas con respecto al mundo en que vivían. Particularmente la
época del Bajo Imperio Romano, cuando la vida política y social
empezaba su decadencia. El estudioso bahá’í Farnaz Ma’sumian [8]
opina que el gnosticismo (o misticismo) puede ser visto como un tipo
especial de reacción frente a la superficialidad de una civilización
decadente. Un cometario del sabio Mírzá Abu’l Fadl Gulpayganí sitúa
la pretensión de comunión directa con Dios sin la necesidad de
Reveladores Divinos como un fenómeno que se repite siempre durante el
periodo decadente de las religiones.[9]
En efecto, a
diferencia de lo que enseñaron todos los Profetas, los gnósticos están
convencidos, de que mientras los demás seres humanos necesitan obedecer
las enseñanzas de la religión revelada, ellos tienen en su conciencia
espiritualizada suficiente guía para sí mismos. Al respecto, Bahá’u’lláh
enseña de que sin importar cuan espiritual sea la persona siempre estará
sujeta a las leyes divinas reveladas por la Manifestación de Dios. Bahá’u’lláh
alabó al místico musulmán Jalálú’d-Dín Rúmí (1207-1273) debido
a que éste, al contrario de los demás súfíes, enseñaba la
obediencia a la ley revelada.[10]
También durante la época apostólica del cristianismo existió un gnóstico
cristiano llamado Cerinto de Alejandría que se opuso al antinomismo
predicado por los demás gnósticos y por Pablo. Cerinto creía en la
estricta observancia de la Ley al tiempo que practicaba un cristianismo
profundamente místico. [11]En
la Fe Bahá’í el camino exotérico de obediencia al mandato del
Profeta y la vía mística o esotérica están plenamente integradas. La
perfección y búsqueda de la proximidad a Dios son el objetivo de
nuestra existencia pero esto sólo puede hacerse dentro de nuestra
propia condición de humanidad, ya que así, como una planta por más
perfecta que sea no puede convertirse en animal, de la misma forma el
hombre por más que progrese en su propio reino nunca podrá convertirse
en Manifestación de Dios o en Dios. “En todos
estos viajes el caminante no ha de desviarse ni un ápice de la
“Ley”, pues éste ciertamente es el secreto del “Sendero” y el
fruto del Árbol de la “Verdad”; y en todas estas etapas debe
tomarse del manto de la obediencia a los mandamientos y asir el cordón
del huir de todo lo prohibido, para que pueda ser nutrido de la copa de
la Ley e informado de los misterios de la Verdad” (Los Siete
Valles. Pág. 58-59) Comentario
Final. Como decíamos
al empezar este escrito, puede identificarse el empleo de la retórica
gnóstica de la espiritualidad en gran parte de las Escrituras Bahá’ís,
sin embargo no es totalmente dependiente de ella ya que también puede
encontrarse otras variantes hacia el uso de otras retóricas tales como
la neoplatónica e incluso la monista. De hecho, algunos estudiosos bahá’ís
opinan que la diversidad de retóricas supone una epistemología
wittgenstiana o incluso una metafísica dialéctica. Sin embargo, esas
aseveraciones podrían ser un tanto prematuras, por lo menos en la opinión
del autor. Una sugerencia personal para concluir este tema es que una lectura selectiva de compilaciones serias sobre temas espirituales de otras religiones, particularmente de misticismo islámico, puede ser de gran utilidad para entender el lenguaje metafórico de las obras místicas de Bahá’u’lláh.
NOTAS: [1]Las
investigaciones orientadas a reconstruir el pasado historiográfico
del gnosticismo se hicieron sobre la base del método
sincretista-comparatista. Las tesis que gozan de mayor credibilidad
son las que reconocen fuentes orientales (mesopotámicas, persas y
judías) Para una información pormenorizada sobre el gnosticismo y
las teorías relativas a su origen. Ver: [2]Se
puede comprobar algún grado de resonancia de este dualismo extremo
en la teodicea cristiana medieval y en el fundamentalismo cristiano
contemporáneo. Por lo que respecta a la teodicea bahá’í, el
problema del mal es explicado en términos neoplatónicos como la
ausencia de la luz divina; el mal no tiene existencia positiva ni
tampoco existen entes malignos. La metafísica bahá’í no da
cabida a satanología alguna. Consultar la sección “La
inexistencia del Mal” del libro “Contestación a unas
preguntas”de ‘Abdu’l-Bahá. (Barcelona: Editorial Bahá’í
de España, 1994. 1ª Edición). [3]Ver:
http://www.geocities.com/bibliaucm/index.htm [4]
Tradicionalmente los gnósticos se han organizado en grupos cerrados
con una rígida y vertical jerarquía de rangos presuntamente
espirituales, estas sectas imponen una política estricta para la
aceptación de nuevos miembros e inclusive como en el caso de los
mandaeanos, sin admitir
más conversos que los descendientes directos. Bahá’u’lláh es
categórico en su denuncia de cualquier forma de estratificación de
la comunidad de creyentes. Remitirse al verso 36 del Kitáb-i-Aqdas,
y a sus notas correspondientes.
[5]Remitirse
a la fuente de la nota 3. [6]
“Buscando a Dios en el tiempo y la memoria: un examen de la oración
como el “Recuerdo”>. Published
in the Bahá’í Studies Review, vol. 7 (1997). También puede
consultarse el trabajo de Steven Scholl: “The Remembrance of God:
An invocation technique in Sufism and the Writings of the Báb and
Bahá'u'lláh" Published
in Bahá'í Studies Bulletin 2.3 (December 1983). [7]
Estoy refiriéndome principalmente a las
logias masónicas [8]
“El Misticismo y la Fe Bahá’í”
1995. Farnaz Ma'sumian. www.bahai-library.org/ [9]
“Los Cielos
están
hendidos”
Huschmand Sabet Editorial Universitaria. Santiago de Chile. 1975. Pág.113.
[10]
“Bahá’u’lláh y el Comentario de un verso de Rumí”Juan
R. I. Cole. www.bahai-library.org/ [11]
La teología de Cerinto era muy afín a la expuesta por el autor
del cuarto evangelio. Ambos sostuvieron que el mundo emanó de Dios
a través de un
principio increado e inmanente
a Dios; (Juan 1:1-4). Para corroborar un paralelo metafísico con la
Fe Bahá’í, ver: “La Eterna Búsqueda del Conocimiento”de
Julio Savi.
(*) Profesor de Educación Secundaria en la especialidad de Historia y geografia. Miembro de la Comunidad Bahá'í de Huaraz. E-Mail: badi9@bahaiemail.com |
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