La Pluma del Conocimiento |
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FILOSOFIA MORALDesintegración de los sistemas de valores(*)Udo Schaefer (*)(*) |
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Para
que la gente trabaje unida debe haber en primer lugar un objetivo común
y unos valores comunes. Nuestro
dilema es que no tenemos ni el uno ni los otros.
La ciencia, que nos permite aterrizar sobre la Luna, demuestra
ser notablemente ineficaz en el campo de la actividad social del hombre.
La creencia de que la ciencia puede curar todos los males es, según
el sociólogo suizo Theodor Leuenberger, una “superstición”(38).
La ciencia es casi impotente contra las fuerzas irracionales que
amenazan cada vez más a la humanidad.
Poca cosa puede hacer o nada contra el fenómeno de la
criminalidad creciente y el abuso de las drogas, y no hay ni una teoría
aceptable en términos generales que explique la causa de estos
problemas. La integración
de todos los pueblos en un cuerpo unificado capaz de actuar está siendo
reconocida como absolutamente vital, porque los problemas de la
existencia humana solo pueden resolverse sobre una base mundial o no
pueden resolverse en absoluto. Pero
al mismo tiempo nos enfrentamos a un nuevo peligro que amenaza privarnos
de la capacidad de acción unificada: la sociedad se está desintegrando
rápidamente y perdiendo su estructura.
La vida en común con los demás se hace cada día más difícil,
surgen cada vez más conflictos y los vínculos que mantienen unida a la
sociedad son cada vez más débiles.
Una sociedad que se está desgarrando por sus propias
contradicciones y que está perdiendo su coherencia no puede solucionar
los problemas materiales de la humanidad.
De todos los peligros que nos amenazan, éste es ciertamente el más
grave, pues estorba nuestra capacidad de actuar(39). ¿Cuál es el
motivo de este proceso y cuáles son sus síntomas?. La
razón de la decadencia de nuestra sociedad debe hallarse en la
decadencia de nuestro sistema de valores.
En unas pocas décadas, ha tenido lugar un cambio de velocidad
casi pasmosa en la manera de pensar de las personas.
Puede realmente describirse como una revolución cultural, si se
consideran sus consecuencias a largo plazo.
Las normas y los valores que la religión había establecido, que
habían sido apoyados, mantenidos con vida y considerados absolutamente
válidos durante más de dos mil años, y que incluso los racionalistas
de la ilustración en el siglo dieciocho reconocían como valores
racionales(40) fueron barridos en unas pocas décadas y reemplazados por
un variado pluralismo de nuevos conceptos de valor. Así
como en el curso de la enfermedad hay dos componentes que trabajan
juntos - la susceptibilidad del organismo bajo el ataque y el germen que
produce la enfermedad-, hay dos condiciones en las que debe hallarse el
motivo de la desintegración cultural: por un lado la debilidad del
sistema de valores existente que ha perdido su base trascendental y se
ha expuesto al cuestionamiento crítico y, por otra parte, un
racionalismo unidimensional(41), una actitud que no permite dar por válida
cosa alguna a no ser que pueda establecerse la razón empírica.
Esta forma de pensar, que ha demostrado su valor en los campos de
la ciencia y la tecnología y que asegura nuestras demandas materiales,
se hace problemática cuando se aplica a los valores y las normas
culturales. Brezinka ha
descrito las características de “un racionalismo unidimensional”
del modo siguiente: “El pensamiento racional es crítico, utilitario e
individualista. Pone en
tela de juicio las formas tradicionales de soberanía, religión, ley,
moral, ética y costumbre. Despoja
de su naturaleza vinculante a todo “Weltanschau
ung”(cosmovisión) no racional.
Afloja los lazos emocionales del orden convencional de la vida,
de sus ideales y de los que ostentan su autoridad.
Por un lado esto se experimenta como liberación, como un avance
en el conocimiento y en vistas a la acción, o como progreso moral e
intelectual. Pero, por otro
lado, el hombre necesita una visión estable de la vida y el mundo, una
seguridad emocional en una comunidad de almas semejantes en cuanto a su
mentalidad, una certeza en lo que respecta al estado de su alma y un
objetivo bien definido en la vida; y una actitud racionalista deja
insatisfecha esta necesidad”(42). Si
la demostración racional es el único instrumento de evaluación de una
norma ética, entonces una norma que exige la acción positiva sólo
puede reconocerse si se demuestra que es ventajosa para todos y una
norma que tiene una función de prohibición sólo puede reconocerse
cuando el daño social del acto prohibido sea evidente para todos(43).
Esta “actitud crítica de la mente”, que sólo reconoce
valores racionales, rechazará automáticamente la noción de deber
incondicional y la existencia de normas universalmente vinculantes.
Cada ser humano es entonces el juez supremo de las normas de su
estilo de vida y del orden social.
Este es el significado del nuevo ideal de “autodeterminación”
y “madurez”, mientras que el reconocimiento de una autoridad que no
pueda ser cuestionada y la observación de sus instrucciones es
rechazado despectivamente como “inmadurez”: “Se fomenta la ilusión
de cada uno, mediante sus propios esfuerzos mentales, será capaz de
darse cuenta de lo que debería hacer y será capaz de libre elección a
favor o en contra de lo que debería hacerse...
Así, el individuo, con sus deseos subjetivos, sus experiencias
azarosas, su conocimiento restringido y su comprensión limitada, es
investido con el derecho de considerarse a sí mismo la medida de todas
las cosas”, dice Brezinka. Él
mismo describe las consecuencias: “La fe en deberes absolutos es
reemplazada por una adaptación calculadora a las contingencias del
momento. El amor por los
ideales que exigen al hombre que venza su egocentrismo no puede surgir
en una sociedad en que se considera “progresista” durar de todo.
En la medida en que este amor disminuye, disminuye también la
motivación para ejercitarse en áreas éticas y la energía para
dedicarse sin egoísmo a tareas más elevadas....
En un clima espiritual así, el crecimiento del egoísmo va
acompañado de la difusión del pesimismo y el presentimiento de la
destrucción. Uno se hace
indiferente al bienestar de los demás y sólo se preocupa de conseguir
lo mejor para sí en la medida en que esto aún sea posible”(44). Además de eso, el “poder normativo de los hechos reales”(45) también ha afectado a los modelos morales: después de darse cuenta de la magnitud de la brecha entre el código moral imperante(46) exigía demasiado de la gente y, por tanto, no podía acceder a la validez. Después de que la etnología y la sociología hubieran demostrado la relatividad de los valores y conceptos morales, virtudes honradas por el tiempo como la decencia, la humildad, la obediencia, el respeto, la modestia, la autodisciplina, la pulcritud, la auto negación, la fidelidad, la integridad, etc...., fueron “desenmascaradas”, bajo el eslogan de “Emancipación”(47), como moralidad de la clase explotadora, y los términos barridos del vocabulario común(48). La educación de los niños según estos ideales fue rechazada como “condicionante”, “manipuladora” y “paternalista”(49). La familia(50) fue denunciada como forma de dominación gastada y pasada de moda, como el “sistema autoritario de dominación social”, como “la familia dictatorial burguesa”, como un “vacío pedagógico”, como “completamente putrefacta”; se dijo que debería reemplazarse por “formas alternativas de paternidad”. El matrimonio fue declarado un obstáculo para una relación amorosa genuina(51) y debería relegarse “a un museo como el torno para hilar”: “Una institución para los gansos grises, no para las personas”(52). La relación sexual ya no estaba restringida al matrimonio(53) y, según el lema: “¡Tu cuerpo te pertenece!”, la satisfacción del impulso sexual fue declarada un asunto completamente privado. La jerarquía natural entre la gente, como la de padre – hijo(54) o maestro – alumno, fue condenada como un obstáculo que frustra todas las emociones más cálidas. Cualquier forma de institucionalización de los valores morales fue tildada de represión: “La moralidad dominante es la moralidad de los que dominan”. En
el lugar de las normas establecidas por la religión se han puesto
puntos de vista, conceptos de valor y modelos de comportamiento
desarrollados por psicólogos y sociólogos del comportamiento.
Las escuelas, en las que la educación emancipatoria está
liberando a los jóvenes de la obligatoriedad de ciertas normas y
convicciones religiosas, debe actuar de catapulta para el cambio social
deseado. Deben liberar a los jóvenes para conducirlos a la
autodeterminación, la madurez(55), la autonomía y la libertad sin
restricciones tradicionales ni institucionales, sin reconocimiento de
los que ostentan la autoridad. Tal
educación también pretende preparar a los jóvenes para vivir en una
sociedad emancipada en la que cada cual decida por sí
mismo, pero en la que, sin embargo, esté garantizada la
coherencia social o, cuando la ilusión de la persona autónoma y
autodeterminante no es muy relevante, esta forma de educación pretende
vincular la persona a los nuevos ostentadores de la autoridad(56).
En lugar de dar una orientación básica y formar la conciencia
según ciertas normas, una forma de educación se autodescribe como
“antiautoritaria”(57) enseña un escepticismo profundo respecto a
los valores tradicionales y una desconfianza permanente respecto a la
sociedad(58) y respecto a todo tipo de modelo, institución y autoridad
que imponga limitaciones a nuestra libertad individual.
Los principios básicos de toda educación “progresista”
afirman que la autoridad es “tan dañina para la sociedad perfecta
como lo es para el desarrollo del individuo”(59). Sin embargo, el resultado de todo ello es la inseguridad, la
falta de orientación, la destrucción de todos los valores, la
arrogancia por parte de los así educados(60), “nuevos conflictos de
conciencia, nuevos sentimientos de inferioridad, un nuevo temor a la
vida, síntomas de todos ellos que pueden observarse en una gran
proporción de antiguos escolares y universitarios”(61), y que
conducen a la descomposición moral de la sociedad.
La verdad llana sobre la educación ya no se percibe: “Sólo
cuando una persona ha experimentado un largo período de obediencia a la
autoridad, ha sido forzado a sacrificar la satisfacción de sus impulsos
básicos, ha obedecido y ha experimentado la recompensa y el castigo, es
capaz de adquirir una conciencia independiente y la capacidad de
autodeterminación”(62).
NOTAS: (*) El presente artículo ha sido extraído de la siguiente fuente bibliográfica: Schaefer, Udo. "El Dominio imperecedero". Editorial Bahá'í, Barcelona, España, 1988. (38)
Aseverado en la conferencia que, con el epígrafe “Fe, Ciencia y
Futuro” se celebró en el Massachussets Institute of Technology del 12
al 24 de julio de 1979, organizada por la Asamblea Ecuménica de las
Iglesias (Süddeutsche Zeitung del 18.7.1979).Cf.
también en el ensayo de Günther Altnerr, “Zwischen
zerbrochenen Ideologien”, en Der Überlick. Zeitschrift
für ökumenische Begegnung und internationale Zusammenarbeit,
septiembre 1979, pp. 2-9. (39)
También Taylor considera la “cohesión social” el problema central
(How to Avoid the Future, p. 31). (40)
Incluso
Pierre Joseph Proudhon (1809-65) escribió: “L’homme est destiné á
vivre sans religion ...La loi morale... este éternelle et absolue...
Eh! Qui donc aujourd’hui oserait attaquer la morale?” (De la
creation de l’ordre dans l’humanité ou principes d’organisation
politique, p. 38 N°60). En la actualidad, atacar la moral ya no es
osado. (41)
D.
Bell, The Cultural Contradictions of Capitalism, p. 4 (42)
Erziehung
und Kulturrevolution, p. 15 (43)
Este
peculiar estado mental fue el cambio más importante ocurrido en el
siglo dieciocho: “La idea racionalista substituyó la tradición por
la utilidad social como criterio principal de las instituciones y los
valores sociales... Postuló
por tanto un único sistema válido, que empezaría a existir cuando
todo lo no explicado por la razón y la utilidad estuviera suprimido”
(J.L. Talmon, The Origins of Totalitarian Democracy, pp. 3 y sgs.).
En realidad sucedió lo contrario.
(44)
Erziehung
und Kulturrevolution, pp. 16 y sgs. (45)
La
expresión fue acuñada por Georg Jellinek, profesor de derecho
constitucional en la Universidad de Heidelberg. (46)
Como
en las investigaciones del informe Kinsey, por ejemplo. (47)
Con
referencia a éste término, véase W. Brezinka, op. Cit., pp. 151 y sgs.
158; también Hans Maier en Protokoll 41, Bergedorfer Gesprächskreis,
p. 9; Karl Steinbuch, Maslos informiert, p. 190; Hans Jochen Gamm,
“Emanzipation: Schelüsselproblem der Erziehung” (Emancipación:
Problema Fundamental de la Educación), Die deutsche Schule (La Escuela
Alemana), Vol. 65, 1973, pp. 675-83. (48)
Véanse
ejemplos de palabras indeseables en W. Brezinka, op. cit., p. 56. (49)
Un
agresivo programa antieducacional defiende el liberarse de la educación.
Todo tipo de educación es en consecuencia “engaño”,
“abuso del niño”, un “crimen” y por lo tanto debe ser
“abolido”: “Los educadores son como comerciantes de droga que, en
primer lugar, vuelven adictas a sus víctimas, y luego estas adquieren
una dependencia real. Pero
todo fue innecesario y, tan pronto como uno ha visto claramente de qué
se trata, puede hacer una cura de desintoxicación” (Ekkehard v.
Braunmühl en un folleto publicado por la Asociación Alemana para la
Protección de los Niños y titulado “Erziehung? Nein danke!”(¿Educación?
¡No, gracias!). (50)
Haensch
sostiene que “desde una posición antiautoritaria y sexo – económica”,
el matrimonio y la familia burgueses ofrecen “un microcosmos de la
sociedad autoritaria; obligan a las personas a vivir en su interior
desde la infancia en adelante para adaptarse a las condiciones
autoritarias”. En su
opinión la familia impide a los niños, los jóvenes y los adultos
“desarrollar libremente su genitalidad” y, así, limita “sus
necesidades vitales”, transformándoles en “sujetos sumisos que
temen a la autoridad”. En
su opinión la familia convierte a los niños en “víctimas de la
opresión sexual”, por lo cual estos niños más tarde oprimen a
otros: “La represión sexual reduce la capacidad de crítica y
condiciona la mente a aceptar ideales que en realidad son contrarios a
los intereses reales del individuo” (Repressive Familienpolitik, pp.
37 y sgs.). W. Brezinka (p.
126) señala según su interpretación sexual – anarquista de la
familia que sólo fomenta “una ruptura radical con la estructura
tradicional de la familia, como la que tiene lugar en la ‘familia
abierta’, las ‘comunidades familiares’, las ‘comunas’,
etc.”, pueden conducir a formas de vida colectiva que “aspiran a
crear un nuevo ser humano en una sociedad revolucionaria” (Bookhagen,
Kindererziehung in der Kommune – La Educación de los Niños en la
Comuna -; véase, para más referencias, W. Brezinka, op. cit., pp.
126-185). Una red de
amistades íntimas, de amigos unidos que forman un núcleo y de amigos
vinculados al grupo, debe reemplazar a la familia.
Esta formación “dará forma, con el tiempo, a la nueva
estructura social”(Rolf Schwendter, Theorie der Subkultur, p. 142,
refiriéndose a James W. Ramey). Una
investigación en los Estados Unidos evidencia en qué medida ha
progresado la degeneración de la familia.
Solo un 37% de la población vive en familias.
En la República Federal de Alemania el deseo de casarse también
está disminuyendo. Según
una afirmación de la oficina Federal de Estadística de Wiesbaden, sólo
se celebraron 370.265 bodas en 1974, comparadas con las 530.640 de 1962. En el mismo período el número de divorcios aumentó de
49.580 a 98.584 (Rhein – Neckar – Zeitung del 17.10.1979). (51)
“Sólo
los que fueron moralmente destrozados en una medida determinada en su
infancia, desean, estar dispuestos o son capaces de contraer matrimonio,
pero en el matrimonio son entonces destrozados completamente, pues en el
matrimonio, una vez desaparecida la novedad y la primera intoxicación,
ya no pueden satisfacer sus necesidades y deseos sexuales”. Así, se
equipara el matrimonio a una “amputación voluntaria de las
necesidades sexuales” (Herbert Amend, Sex frond, p. 78). Edwuard
Shorter describe el declive del matrimonio en el mundo occidental en The
Making of the Moder Family, New York, Basic Books, 1975. (52)
Rolf
Schwendter, Theorie der Subkultur, p. 218.
Mientras
que la institución del matrimonio se ve crecientemente reemplazada por
el concubinato, éste a su vez será desbancado por un nuevo desarrollo.
Soledad es la palabra. Las
personas ya no quieren tomarse la molestia que conlleva vivir con otra
persona. Viven solos, pero no duermen solos. Se les llama “solteros”.
La consecuencia de este modo de vida “sin conflictos”:
soledad y aburrimiento. Recientemente,
sin embargo, se han sostenido opiniones que indican una tendencia
diferente. Un buen número
de personas han empezado a darse cuenta de que la promiscuidad no
conduce a la felicidad sino a la frustración, porque, como ya ha señalado
Erich Fromm, la promiscuidad es solamente otra forma de huida y una
adicción como el alcoholismo o la drogodependencia (cf. Gabrielle Brown,
The New Celibacy, New York, McGraw Hill, 1979). (53)
Después
de que la prohibición del concubinato fuera revocada en los estados
alemanes durante los años sesenta, ahora se está preparando el camino
para otorgar al concubinato la misma situación legal del matrimonio.
En una resolución del 15.1.1980, el tribunal administrativo de
Berlín concedió a los funcionarios que viven en circunstancias
similares al matrimonio un aumento de sueldo normalmente concedido, bajo
las leyes federales sobre salarios, a personas casadas.
La resolución se basa en un cambio de opinión durante la última
década: la decisión de vivir con alguien más, en una relación
permanente sin un contrato formal de matrimonio, se acepta como decisión
personal de la pareja en cuestión (Neue Juristische Wochenschrift, Heft
19, 1980, p. VI). (54)
La
medida en que el ataque a los valores tradicionales determina ya los
objetivos educacionales viene demostrada por los libros de lectura
escolares aprobados por las autoridades educativas en muchos de los
Estados de la República Federal Alemana.
En el libro de texto de estudios sociales para los grados séptimo
al noveno (ed. K.G.
Fisher, 2ª. Ed.,
Stuttgart 1973) hallamos la siguiente cita en las pp. 99 y sgs., en el
capítulo “La Familia”: “La familia nuclear es una institución
que derrocha una cantidad tremenda de tiempo y dinero... Se ha de haber
experimentado para darse cuenta de lo asquerosa y estúpida que es.
Esta sensación de estar atado...” Un poema sobre el Adviento
en el Fischer – Taschenbuch 1147 (pp. 300 y sgs.), recomendado para el
nivel secundario y según las directrices de uno de los estados alemanes
dice: “Advent,
Advent, die Stube brennt,/ mit Tepic un Gardinen./ Der Papi brennt, die
Mami brennt/ und ich fress Apfelsinen./ Papili und Mamili,/ die wollten
mich enterben,/ der Tierverein soll Erbe sein,/ drum müssen sie jetzt
sterben./ Ich hatte schon als lieber Sohn/ mir oft gewünscht im Stillen,/
bei Gelegenheit – zur Weihnachtszeit / - die Eltern wie Hühner zu
grillen“ (Adviento, Adviento, la habitación está ardiendo, con sus
alfombras y cortinas. Papá
está ardiendo, Mamá está ardiendo, y yo como naranjas.
Papá y Mamá quisieron desheredarme; la sociedad protectora de
los animales había de ser su heredera, por lo cual deben ahora morir.
Siendo su hijo querido, a menudo había deseado en secreto,
cuando se diera la ocasión – en Navidad – asar a mis padres como
pollos). (55)
Cf.
W. Brezinka, Erziehung und Kulturrevolution, p. 148.
Más
información sobre éste concepto en este mismo capítulo. (56)
Sobre
el tema en conjunto véase Cl. Günzler,
Anthropologische und ethische Dimensionen der Schule, Friburgo, Munich
1976. (57)
Véase
W. Brezinka, op. cit., pp. 166 y sgs.; Monika Seifert pide que se les
permita a los niños “crecer sin sentimientos de culpa, a saber,
libres de lo que llamamos moral” (“Antiautoritäte Erziehung”,
Educación antiautoritaria), en S.H. Fraiberg, Das verstandens Kind, p.
306). (58)
Esta
crítica a la autoridad surge de la experiencia directa de una autoridad
anacrónica y por lo tanto irreal, y de la utilización tecnocrática
del hombre para la máquina económica (Véase H. Marcuse, One-
Dimensionalman). (59)
H.
Schelsky, Die Arbeit tun die anderen, p. 411 (60)
Los
resultados de este tipo de educación son “jóvenes que dan por
supuesto que la autodeterminación “se puede conseguir” sin tener
que trabajar en uno mismo”(h. Schelsky, op. cit., p. 414). (61)
H. Schelsky, op. cit., p. 411; véase también la nota 247 de este capítulo.
Vinculado a ello la drogodependencia en aumento, la huida a un
mundo interior estimulado químicamente y el aumento amenazador del
consumo de alcohol. (62)
W.
Brezinka, Erziehung und Kulturrevolution, p. 169.
(*)(*) Abogado. Escritor. Miembro de la Comunidad Bahá'í de Heidelberg, Alemania. http://www.udoeschaefer.com/home.htm |
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